Cuando mandas a hacer una transcripción estás confiando en que el transcriptor sepa interpretar en palabras y signos de puntuación exactamente la idea original que se ha expresado en el discurso.

Cualquier persona alfabetizada es capaz de escribir, pero eso no significa que cuente con los conocimientos y habilidades de un transcriptor. Distintas personas pueden escuchar el mismo audio y no tener el mismo resultado, y eso puede tener relación con su experiencia como lector. Transcribir significa escuchar el audio, entender lo que se está diciendo, y escribirlo con las palabras, puntos y comas correspondientes. En definitiva: pasar un audio a texto de la manera en que el mensaje mejor mantenga su sentido original.

Cuando el audio ya ha sido pasado a texto, el nuevo insumo para el investigador, medio de comunicación o consultora va a ser el texto generado, mientras que el audio queda archivado como documento de respaldo. El texto, por lo tanto, se transforma en el insumo mismo del que se extraerán ideas, conclusiones y cuñas periodísticas. Por todo ello, podríamos decir que el texto es el que tiene resonancia y su uso puede ser de gran valor.

Saber escribir antes de transcribir

El objetivo entonces no es sólo generar una réplica que ha cambiado de formato, sino que el objetivo es generar un nuevo insumo de investigación ¿cuál es la diferencia? darle valor al trabajo que se requiere y contratar a personas idóneas para asumir esa responsabilidad. En ocasiones los investigadores ven a la transcripción como el último eslabón de la cadena, como un trabajo mecánico que van a tercerizan porque les tomaría mucho tiempo hacerlo ellos mismos, y buscan al mejor postor, al más económico para poder ahorrar para tareas mayores.

El resultado de tomar decisiones erradas es precisamente la generación de un texto que cambie el sentido de lo dicho, que sea ambiguo o que incluso pueda llegar a ser lo opuesto a la idea original. Una mala puntuación de comas (,) se puede ejemplificar con la predicción del oráculo de Delphos hacia el guerrero Temocles, a quién la pitoniza contestó: “Irás y volverás nunca en la guerra perecerás”. Las opciones de puntuación cambian el destino del guerrero:

¡Irás! ¡Volverás! Nunca en la guerra perecerás. = vive.

¡Irás! ¿Volverás? Nunca, en la guerra perecerás. = muere.

¡Irás!. Volverás nunca, en la guerra perecerás. = muere.

En definitiva, en el transcriptor se está depositando una responsabilidad y confianza que será importante para los usos que se le den al texto, o a los múltiples textos. Por lo tanto, así como para el transcriptor es importante ofrecer un buen servicio, igual de importante es la tarea del cliente en saber buscar y elegir a la persona o empresa en quien deposita la confianza de su trabajo. Lo que está en juego es el sentido mismo de las ideas y eso es lo que genera valor.

En Transcripción+, somos muy exigentes a la hora de elegir nuestros transcriptores. Sólo 1% de los que se postulan pasan nuestro proceso de selección. Esto nos permite trabajar con los mejores y así ofrecer un servicio de calidad.